Por: Adriana Anaya (7)
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Un ligero olvido

c6 olvido Un ligero olvidoEn un CERESO de la ciudad de México se escuchó la siguiente plática entre un indigente y un señor de traje:

“Oiga joven, ¿y porque está usté aquí?” – inquirió un pepenador desde la celda adyacente.

“No me lo va a creer mi estimado, es algo tan inverosímil que todavía no me acaba de caer el veinte”, ¿”Me entiende?”…. ¿no?…” -le contestó el trajeado.

“Bueno, así como claro, claro que me quede, pues todavía no; pero puedo hacer un esfuerzo mental del cerebro e intentarlo, claro si Usté quiere explicármelo, y no le digo que si tiene tiempo, porque eso es lo que nos sobra, por ahora.” “Y no me salga con la tarugada de que Usté es inocente, porque todos lo que estamos aquí también, el único que ha estado aquí y ha sido inocente fue Pepe el Toro, y  eso le cuelga un rato…” -rebatió nuestro ilustre personaje.

“No, qué va, culpable sí soy, pero por idiota…”- respondió en tono de enojo.

“Bueno, así la cosa ya se pone más interesante, y si me permite corregirlo, aquí nadie está por idiota sino por pendejo, con todo respeto y con toda propiedad” – corrigió el peladito.

“Bueno por lo que sea…”- dijo aceptando la corrección.

“Sí, pero ya desembuche la sopa, cuente la papa, cante…”-instigaba el indigente con mucha curiosidad.

“¿Qué?” – interrumpió.

“Pus que me diga cuál fue la pendejada pues…”- completó.

“¡Ah! Sí, mire, yo conocí hace mucho tiempo a un tipo, y él me ayudó mucho, me enseñó la profesión de agente de seguros,”- comenzó a relatar el trajeado.

“Que por lo que puedo ver no fue tan segura…” -apuntó el peladito.

“No me interrumpa que no le cuento nada”- dijo comenzándose a enojar por tanta interrupción.

“Ya… qué poco aguanta…era sólo una nota al margen, digo… pa quitarle solemidad al asunto.”- completó.

“Bueno el caso es que yo era un próspero agente de seguros…

“¿Tan próspero como el año nuevo?”- interrumpió de nuevo.

“¿Qué?”- dijo sin entender.

“Oh, ¿pus no dicen por ay que “próspero año nuevo”?, yo la merita verda no sé qué quiere decir eso; pero si me lo explica….”

“Próspero quiere decir que me iba bien vendiendo seguros, ¿ya le queda claro?”- replicó en tono ya molesto.

“Sí, qué genio, ¿y aún con ese genio era próspero en su chamba? Porque yo de plano no le hubiera comprado ni un seguro, qué digo seguro, ni un alfilercito” -volvió a entorpecer el relato.

“No me refiero a esos seguros me refiero a los seguros de vida, de gastos médicos, de autos, de responsabilidad, a esos…”-explicó.

“¡Ah Chihuahua!, ahora entendí menos, mi mamacita que Dios la tenga en su santa Gloria, decía que lo único gratis que teníamos, era la vida y que lo único seguro era la muerte, así entonces o mi madre era una mentirosa o Usté aparte de pendejo me quiere ver la cara, además uno es responsable o no; y cuando lo es, pues lo es con toda seguridad y no tiene que comprar nada para demostrarlo”- apuntó desafiante.

“¡Ay Amigo!, esta plática va a ser más larga de lo que pensé… mire… le voy a explicar, o por lo menos voy a hacerle la lucha para que entienda lo que hace un agente de seguros y por qué es importante, ¿estamos?”- dijo en una forma ya más resignada.

“Va…, pero no me saque palabras muy “pirotécnicas” porque no entiendo.”

“Está bien sin “pirotecnia” –dijo riendo el agente.”Un agente de seguros es la persona que vende seguros,… sí, ya sé… ¿y qué es un seguro?… Un seguro… para que me entienda… es una garantía que Usted obtiene a través de una compañía, sobre algo, ya sea una casa, un carro, una compañía, el personal que ahí trabaja, la salud o la vida de los mismos… ¿y  para qué sirven los seguros?, estos sirven; por ejemplo, si Usted compra un carro, una compañía de seguros, le extiende una póliza, que es un certificado, por llamarlo así, para que si tiene un accidente en ese coche, no le cueste más que una cantidad acordada previamente con la compañía, precio que va a ser mucho menor de lo que le costaría reparar su carro y esta cantidad se llama deducible, la cual equivale a un porcentaje del valor de su carro”.- explicó.

“O sea que si yo chocara con mi coche, digo… en caso de que lo tuviera y lo tuviera asegurado como dice, sólo pagaría un poquito en lugar de un muchotote, porque verá mi compa, que no coche tiene; pero tiene una moto, chocó con un fufurufo de un taxi, y el taxista no le pagó nada de lo que se lastimó, le quitó la moto y además le tiene que dar una lana para pagar los arreglos del taxi. Total que namás trabaja pa’ pagarle al wey del taxi; y ahora Usté me viene a decir que si hubiera tenido un seguro de esos, ¿porque hay seguros pa moto, no? ¿Otro gallo le hubiera cantado a mi compita? Caray…. No le digo, que injusta es la vida con los pobres, siempre ignorantes y cuando nos llega el saber, pues ya es muy tarde.” –expresó resignado.

“Bueno, ahora que ya entendió a lo que me dedico, ¿puedo contarle por qué estoy aquí?”- preguntó como pidiendo permiso a su interlocutor.

“Si claro, pero antes… no tendrá una tarjetita suya para mi compita…. Digo aprovechando la consulta. ¡Ah! De modo que Usté se llama Carlos, pus yo soy el Greñas, encantado”- se presentó por fin.

“Como le dije Señor Greñas, yo era un próspero agente de seguros y dentro del ramo uno vende tantas pólizas tan variadas, que no me alcanzaría el tiempo para explicarle cada una de ellas”- apuntó muy ufano Carlos.

“Yo creo que sí le alcanzaría y hasta le sobraría, depende de lo que haya hecho y depende del CERESO al que nos manden; pero siga, siga…”- volvió a interrumpir, como era su costumbre.

“Existen pólizas de muerte accidental, o sea que si el asegurado muere en un accidente sus beneficiarios, en este caso, los que reciben la lana, obtendrían un millón de dólares, sí, un millón de dólares. El caso es que el papá de un amigo mío tenía una póliza de estas, claro que yo no se la vendí porque, de haberlo hecho le hubiera podido mejorar las condiciones y el precio”- expresó casi inconscientemente el vendedor de seguros.

“¡Ajá! y decidieron darle chicharrón para hacerse millonarios…qué gachos…”-se quejó el Greñas.

“NO, nosotros no somos asesinos, eso jamás lo haríamos, además a mi él señor me caía muy bien y lo estimaba mucho”- asentó.

“Sí, como un millón de dólares de amor…. Ya lo creo, así hasta yo lo quiero, también. Y ‘tonces” – apuró el Greñas.

“Como el señor era muy precavido se estableció la póliza bajo esos términos de una muerte accidental, el beneficiario era por supuesto, su único hijo, mi amigo, el cual lo cuidaba mucho y estaba al pendiente de él”- continuó.

“Ya veo, cuánto querían al difuntito… porque me imagino que casual y accidentalmente el señor “tan querido” colgó los tenis ¿no? Razón por la cual está usté aquí; ¿pero y el huerfanito? A poco lo dejó morir solo con el asesinato y se largó pa’ las Uropas”- como siempre volvió a romper la conversación.

“No piense mal, Don Greñas, que las cosas no fueron así, el padre de mi amigo  era una persona mayor y ocasionalmente salía de su casa para ir a una cabaña que tenía en Cuernavaca, ya sabe huyendo del frió…

“Y de su hijo y su amigo  que tanto lo amaban…”-completó el compañero de prisión.

“No, no mal interprete las cosas, un día el señor decidió ir a Cuernavaca y le pidió chofer que lo llevara, como siempre…

“El  chofer pagado por el futuro huerfanito…”, asentó el indigente.

“No, pagado por él mismo, porque este señor además tenía una gran fortuna.”

“Si por eso lo cuidaba tanto el futuro huerfanito”.

“¡No!, y déjeme acabar porque si no ya no le cuento nada”- gritó ya molesto Carlos.

“Ya me callé”- volvió a obstaculizar el Greñas.

“Cuando llegaron a Cuernavaca, le pidió, como siempre, al chofer que se regresara a México, pues su hijo, o sea mi amigo…

“El huerfanito”- interrumpió al tiempo que hacía el ademán de de callarse.

“Lo alcanzaría dos días después; pero cuando mi amigo llegó a Cuernavaca, su padre ya había fallecido de un infarto y así lo encontró recostado en su recámara”- expresó con pesar el agente de seguros.

“Que en paz descanse el buen hombre y que me perdone el huerfanito, porque ahora sí lo era… ¿no?”- volvió a truncar el relato como ya era su costumbre.

“Pues sí”- dijo Carlos resignado a las interminables pausas- “entonces mi amigo me llamó para ver lo de los seguros, llamar a la funeraria, los doctores y todo lo que se hace cuando uno se muere, Usted sabe”.

“No, no sé, nunca me he muerto…”- replicó el Greñas.

“Yo llegué casi inmediatamente, al revisar los papeles nos dimos cuenta del seguro de accidentes, y era mucho dinero, no me lo va a negar…”- expuso justificándose.

“No de ninguna manera…”- justificación aceptada por el menesteroso.

“Entonces pensé que, si el señor ya estaba muerto, pues no estaríamos cometiendo ningún delito al matarlo otra vez; ¿no lo cree?, pero ahora en un accidente y así todos ganaríamos de alguna forma; el muerto, en no haber desperdiciado el dinero que pagó por el seguro, el hijo, sobrellevaría un millón de veces mejor la pérdida de su padre y yo, algo ganaría al verlos tan felices a todos.”- se defendió el reo.

“Sí, qué felicida”- agregó su compañero de celda

“Así que decidimos que todo fuera un accidente, el señor debería ir manejando, puesto que el chofer se había ido a México, y se desbarrancaría, ahí… por la pera, no es tan difícil, ni tan inverosímil, los motivos de su regreso solamente él los sabría, tal vez un malestar repentino o algún arranque de viejo. Una vez listo el Cómo nos faltaba en Qué… porque el señor no tenía carro allá, no el suyo por lo menos, así que decidimos rentar un carro pequeño, el cual fui a recoger a nombre de mi patrón, el papá de mi amigo, como verá si había que culpar a alguien sería al chofer”- explicó como esperando que tanta inteligencia demostrada fuera alabada por su interlocutor.

“Mire usté, qué listo agente de seguros…. Y qué seguro”…- dijo al tiempo que le regresaba un papel con el que había estado jugando durante toda la plática- “Mejor le devuelvo su tarjeta no la vaya usté a necesitar mas delante”- expresó con desconfianza.

“Como quiera”- precisó al tiempo que guardaba la retorcida y sucia tarjeta-, “ahora que ya teníamos el carro y al muerto, nos faltaba solamente llevar a cabo el plan. Lo volaríamos por el desfiladero, el carro se incendiaría y listo”.

“¿Y quién iba a manejar? ¿Porque estamos que el difuntito como que ya no tendría ganas de hacerlo?”- asentó el borrachín.

“A eso voy no se desespere. Mi amigo metió a su padre al Chevy y qué cree…- preguntó Carlos

“Que no le gustó el carro al difuntito, que el se quería morir en uno de más lujo” – expresó burlonamente el Greñas.

“Pues lo dirá de broma, el caso es que el señor era tan alto que no cupo en el carro”- explicó.

“¡Chale! A poco le rentaron otro o dialtiro le cortaron las patas pa que cupiera”- agregó sarcásticamente.

“Efectivamente, rentar otro carro iba a ser más sospechoso así que le cortamos los pies para que cupiera, total ya con el incendio ni quién se fuera a fijar en el detalle, ¿no cree?”

“No lo creyó usté, o si no ¿qué está haciendo aquí? ¿Alfabetizando a los que no saben ler? ¿O Dando cursos  de seguros a domicilio?”- complementó sabiamente el oyente.

“Bueno, el caso es que el muerto entró al carro, el carro voló por el despeñadero, explotó y se incendió, no quedó nada, ni siquiera una huella, todo perfecto. El mejor accidente que Usted se pueda imaginar.” – presumió Carlos.

“Bueno, ‘tons no entiendo, si fue tan perfecto; ¿qué hace aquí?” – recalcó un tanto desconcertado.

“Ha oído hablar de la regla NUNCA OLVIDE ABROCHARSE EL CINTURON DE SEGURIDAD- agregó con cierto dejo de vergüenza.

“Sí, quesque ‘pa que no se salga uno volando por el parabrisas”.- volvió a completar el Greñas

“Pues yo no me acordé”.- finalizó.

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13 han comentado

  • Jorge dice que:

    Felicidades! La verdad es que la autora sabe de seguros y esto aunque ustedes no lo crean, pasa en la vida real. La redacción es muy buena, pues el cuento te atrapa de principio a fin y me gusta su humor negro, pues te deja con una sonrisa en la boca. Espero que sigan publicando a escritores tan amenos como Adriana.

  • Bea dice que:

    Me encanta, esa conversación entre uno que se las da de muy conocedor y el peladito que le demuestra ser más sabio es genial!!!!!!! Muchas Felicidades!

  • Elena dice que:

    Me encantaría vivir o más bien poder escuchar una conversación como esta, no creo que esté muy lejano a la realidad. Felicidades por tan estupendo relato que además de estar muy bien redactado, sus tiempos son maravillosos y me encantaría oirlo de la voz de la autora, gracias por tanta risa que me causó es un oasis en medio de tanta crisis y problemas. Definitivamente otra manera de ver los problemas. Que mujer tan divertida!!!!. He seguido sus escritos y creo que si, definitivamente quiero conocerla.

  • Leticia dice que:

    Excelente!!!! muy bueno la verdad espero leer muchisisisisisisimos mas de este estilo!!!

  • Mariloli dice que:

    Muy buena historia y que buena redacción, me saco un par de sonrisas con tan amena historia.

  • Irma Barquet dice que:

    Realmente es muy gracioso el relato, además que lo adornas con partes muy chuscas. Me parece que es útil para recordar que debemos invertir en seguros, además de protegernos utilizando el cinturón del automóvil. Te felicito por esta narración tan simpática.

  • Martha dice que:

    Me parece una conversación importante entre dos mortales tan diferentes,pero tan iguales,felicidades a la autora por éste rato de entretenimiento.

  • Pablo dice que:

    Adriana: muy bueno!!! Me haces reír mucho… muy ocurrente tu historia!!!

  • Margarita Sotres dice que:

    Adriana, est{a fantástico, aveces los ignorantes son más sabios que los letrados, ¿no lo Crees? y los que saben creen que nada se les escapa. Felicidades

  • Veronica dice que:

    Me encantó y además muy simpática la historia de verdad lo disfruté como un excelente postre (un pastel de maracuya) del dia de hoy. Eres muy ocurrente solo a tí se te ocurren estas historias gracias por este momento.

  • Enrique Gou dice que:

    Adriana;este articulo TE REIVINDICA ;porque el ser amiga de Raul Marcello;no es una buena recomendación.
    Me gusto tu cuento…y sobre todo,tu estilo y humorismo(es raro encontrar mujeres con sentido del humor)
    Yo soy productor de teatro;y cambien escribo;pero humorismo de humor negro(el cual aprendí de mi Maestro y amigo HUGO ARGÜELLES (+ )
    Te seguiré leyendo y te envío un saludo
    Pd. Si como dice el Pollo;Pepe el Toro le saco el ojo al tuerto¿El tuerto se convirtió en ciego?

  • raul dice que:

    genial…lo disfruté, muy buena redacción… Felicidades!!

  • Raúl Marcello dice que:

    Adriana, interesante y divertida tu artículo, no como los ladrillazos que escribe Enrique Gou, que aquí entre nous, aprecio mucho porque han resultado, el mejor de los remedios para mi insomnio. Touche Enrique… jajajaja.

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