Nunca se desprende uno de lo que le pertenece, aunque lo tire o lo regale.
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¿Qué es lo que viene a sus mentes cuando digo “cumpleaños de la infancia”? ¿Los regalos? ¿Las visitas de los primos que vivían lejos? ¿La magia y los juegos?… Yo recuerdo varios, tengo fotos que me llevan a esas épocas y hay una constante: EL pastel.
Por años le pedía a mi mamá lo mismo: prepárame el pastel de las tres leches. Ella me miraba con cara de “No, no otra vez” y se resignaba a que, de nueva cuenta, se le quemara, ¡nunca le salía como debía! Y justo ese era el encanto, le quedaba perfecto por dentro pero casi quemado por fuera, ¡lo que lo hacía delicioso para mí!
Además, claro que tiene más historia, esta receta se la pasó la esposa de un tío de mi papá, una señora simpatiquísima que todavía anda rondando por la ciudad de Morelia, con sus lentes de contacto sin los que no ve y su maravilloso sentido del humor (¡y qué decir de las anécdotas!).
Por eso mismo, creo que la segunda entrega de este recetario de viejas y nuevas fórmulas para preparar manjares con historia, tendrá que ser esta, ¡el perfecto pastel de cumpleaños!
Así que si alguna mamá todavía se anima a preparar tooodo para la fiesta de los chamacos (desde los aguinaldos hasta la comida), aquí les dejo una magnífica opción. Obviamente también aquellos que quieran consentirse o consentir a alguien más, ¡úsenla!, verán que es una cosaaaaaa…
Pastel de tres leches de María Eugenia Campero
Ingredientes:
1 taza de azúcar
8 huevos
2 cditas de royal
2 tazas de harina
Se baten las claras a punto de turrón, luego se incorpora el azúcar, la harina con el royal cernidos tres veces, y las yemas. Se mete al horno a 170°C, 50 minutos, revisando de vez en cuando. Para saber que está cocido, mete un palillo y si sale seco, ya está.
Déjalo enfriar un poco y desmóldalo (es importante desmoldarlo antes, porque si lo haces ya mojado… será un desastre). Una hora después de que lo sacaste del horno, pícalo con un tenedor, haciendo muchos hoyitos para que el pan absorba lo que le vamos a echar.
Crema para bañar:
1 lata de leche condensada
1 lata de leche evaporada
1 lata y ½ de media crema
1 copita de ron
2 cucharadas de vainilla
Se licúa todo excepto la crema. Ésta se bate aparte y se mezcla (no bate) con el resto. Se baña varias veces el pastel y se mete al refri.
¡Les juro que es una maravilla!
Como verán, no está nada difícil y tampoco caro. ¡Atrévanse a hornear pasteles!, verán que si no quedan perfectos siempre habrá alguien que aprecie la parte quemadita o apelmazada… ¡como yo!
Bueeeeno!!! la foto esta de diez!!!!!!!!!!! Te ves hermosa!!!! Besos!!! Probaré el pastel!!!
Tengo que presumir que a mi Mamá, el pastel de tres leches y el volteado de piña, eran su especialidad y por su puesto era el favorito de todos los cumples de los chiquillos. El último pastel de tres leches que me hizo, fue en mi cumple 16!!! armó todo un “Mickey Mouse” gigante y lo decoró perfectamente bello. Era una sorpresa para una fiesta sorpresa que me tenia preparada, desafortunadamente a mi se ocurrio escaparme del Colegio para irme a la casa! y le arruiné sorpresa!!!! jajajaja! (por fortuna para mi, porque no soy una adoradora de las fiestas sorpesa)
un aplauso para esta columna.
Luisa
La receta sí que está fácil, en apariencia, tendremos que ponerla a la práctica y saborear ese pastel, aunque no sea de cumpleaños. Verdaderamente la foto es exquisita, seguramente como el mismísimo tres leches. Yo creo que todas las familias tienen sus secretos y nos hacen sus fans de ciertos postres y platillos. Veré la oportunidad de que se diga algo de los Barquet Rodríguez en cuestiones de cocina. Continúa ofreciéndonos tantas ricuras, ¡que lo mejor sería en vivo y a todo color! Te mando abrazos.
Pues dale, Irma, ¡comparte!! =) gracias por pasar y bueno, la foto fue la mejor y más apropiada que encontré, jejejeje. besos.