Un hombre siempre tiene razón cuando admite que se equivoca frente a una mujer.
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“¿Sería mucho pedir que el último rostro que vea sea el suyo?” Son las palabras de una mujer sentenciada a muerte a la persona que la comprendió y la respetó en los últimos instantes de su vida…
Yo me pregunto qué sería lo último que querría ver el día de mi muerte… si ésta estuviera pactada, y es una respuesta que por sí sola parece que no tiene mayor trascendencia, y entonces me hago conciente de todas las bellas cosa que tengo posibilidad de ver y que no me detengo a disfrutar, a dejar que llenen mi último minuto del día, de la tarde, de la mañana: la belleza de una flor, de la sonrisa de mi hija o de mis ojos ante el espejo. Cada instante tenemos la oportunidad de ver momentos y situaciones que pudieran ser los últimos… pero no tenemos que pensar en ese extremo… podemos verlo como un último momento ¡que nunca se repetirá igual!
Qué poco conscientes somos nosotros, los que tenemos la gracia de contar con unos ojos capaces de ver, colores, tamaños, formas, y permitir entender texturas, sensaciones, sentimientos a través de la mirada, de la vista… hay quienes no tienen esa oportunidad y los que sí la tenemos, por permanente, a veces la damos por hecho. Saber que hay personas que han tenido que imaginar cómo es todo afuera porque no tienen la capacidad de ver… a veces es más fácil para ellos que carecen de algún sentido ser concientes del valor de éstos, precisamente por su carencia… Pero ¿qué tal si elegimos ser concientes de ¡¡nuestros ojos, de nuestros oídos, de nuestro gusto y olfato, del tacto!!? Y apreciamos en cada momento las maravillas que podemos hacer a través de ellos, los gozamos instante a instante, para sumergirnos en esta experiencia y lograr transformar nuestras vidas de cinco sentidos a una vida multidimensional… Eso es a lo que le llamamos a las personas que han elegido vivir concientemente más allá de los cinco sentidos, pero para esto necesitamos saber qué es lo que estos sentidos nos traen a cada instante y así, dar el paso a sentir lo que nos brindan más allá de lo que objetivamente reportan…
Y qué tal si logro disfrutar la bella luna que tengo para admirar algunas tardes, y siento todas las emociones que esto me reporta ¡y reconozco qué es sentirse así! Ver qué me hace sentir y cómo le llamo… saber que soy afortunada porque algo tan simple como dejar entrar por mis ojos una circunferencia blanca de 360° con manchas grises en un fondo azul con rayas blancas, sobre una línea no muy bien definida con construcciones y zonas verdes, tiene un significado mayor y está plena de sentimientos cuando el contexto es la compañía de mi hija, y las dos suspiramos ante la imagen que tenemos enfrente; reímos por decir a la vez: ¡¡mira la Luna!! Y disfrutamos que vamos caminando paseando al perro mientras corre y nos jalonea… eso le da un sentido totalmente diferente y me hace percibir cosas que a veces no puedo describir. Pero recordar todo lo que significan, eso es más que percibir por los cinco sentidos… esto es saber que no tengo que estar esperando o imaginando cuál será la última imagen que veré el día que me muera… esto es saber que puedo disfrutar día a día la imagen que veo justo en este momento, porque cada una es diferente, aunque sea la misma.
Deseo que la última imagen que vea en mi vida sea tan disfrutada como todas las que he visto hasta hoy, y elijo gozar concientemente la vida por mis sentidos y mis sensaciones… en la vida y… ¡en la muerte!