Sólo podemos llegar a enamorarnos tanto cuanto nos permitamos hacer conscientes de que ese amor es nuestro.
—
“¡Claro que Maximiliano aceptó, fuera de sí, el haber embarazado a Concepción Sedano, la India Bonita, sólo que ese era un privilegio reservado a los hombres, tal y como el padre de Carlota y su propio hermano Leopoldo habían tenido hijos fuera del matrimonio! ¡Sí y que… Carlota, a ver, sí y qué…! Pero una mujer que se hace o se deja embarazar por alguien que no es su marido, y más si ella pertenece a una de las altas casas reales de Europa, se convierte, por lo menos, en una casquivana, en una perdida, en una disoluta acreedora a los peores calificativos…”
Francisco Martín Moreno, Arrebatos carnales.
Este párrafo del libro Arrebatos Carnales ilustra claramente cómo hemos vivido a lo largo de los años, cientos de años, juzgando acciones que son por de más naturales, auténticas, deseadas, y que se tienen que envolver en tanta falsedad para hacerlas pasar desapercibidas como si lo natural y auténtico fuera malo y ofensivo. Pues sí, hemos aprendido a vivir en nuestras sociedades tan “rectas”, “justas”, “educadas”.
De esta forma se ajusta la vida, inventando situaciones que esconden pasajes de la vida de las personas, para sobrevivir. Así como puede ser permitido que en este caso Maximiliano haya podido tener aventuras y experiencias que se le podrían perdonar a nivel social, y su mujer no, por el simple hecho de ser mujer.
Con este ejemplo no pretendo decir que la equidad en el género debe darse en la cantidad de experiencias sexuales que se tienen, por supuesto que no, lo que pretendo reflexionar es el concepto de las cuestiones superficiales que se tienen que inventar para “tapar” lo que la gente verdaderamente está viviendo.
(Carlota) “-Así es, fingiré demencia, me ocultarán y nadie podrá verme…
(Maximiliano)-¿Prefieres pasar a la historia como loca que como…?
(Carlota) -Te estoy pidiendo un salvoconducto para rescatar lo que quede de mi dignidad…
(Carlota) -“No me provoques. Sería capaz de todo si tú me exhibes, yo ya no tengo nada que perder. A ti mismo no te conviene dañarme porque el desprestigio nos perjudicaría a los dos.”
En qué momento el ser humano se vio obligado a realizar a este tipo de acciones artificiales y falsas. Si una mujer de la realeza se embaraza de un hombre que no es su marido tiene que urdir todo un plan maquiavélico para lograr dar a luz un hijo que no podrá criar aunque lo deseara, porque lo tiene prohibido por las reglas sociales y de convivencia que se practican en su sociedad.
Así como en la película de la Duquesa, Georgiana Cavedish igualmente tiene que aceptar que el marido entable relaciones sexuales con su amiga, aquella que ella misma ha invitado a su hogar, él, con el pretexto de que su mujer no le da el varón heredero, se involucra con esta otra, no importando lo que su esposa sienta, o incluso lo que él sienta. Se coartan teniendo que vivir una relación obligada sin poder hacer ninguno de ellos lo que sus corazones les dictaban, naturalmente, amar, vivir, disfrutar, perdonar… y ella (por ser mujer) es condenada al sufrimiento al no permitírsele sostener una relación con el hombre que ama.
Y no cito novelas y películas por basarme en casos fantásticos, digamos que como dicen “cualquier parecido con la realidad NO es mera coincidencia” sino porque son escenas que a nadie “involucra” y todos tenemos acceso para ser espectador.
Cuántas veces nos vemos nosotras mujeres, en pleno siglo XXI, a los 15, 31 o 47 años, evitando llamarle a un hombre que te interesa porque tienes que aparentar que no te interesa tanto, para que él no piense que estas “urgida” o desesperada, o que te “mueres por él” o le dices cosas que supones que le gustarán para hacer que se sienta atraído por ti.
Todas estas “artimañas” están basadas en una apariencia, en una actuación en una representación, y… me pregunto ¿quiénes somos realmente? ¿Qué es lo que verdaderamente queremos? ¿lo sabemos? lo reconocemos? Es más, ¿queremos reencontrar esa esencia para saber qué o quién soy y cómo quiero relacionarme, más desde mi verdad?
Por qué jugamos a que la otra persona no me interesa realmente cuando a ciencia cierta deseo con toda mi alma que pose su atención en mí. ¿Por qué no se lo digo? ¿Por qué toda la actuación? ¿quién nos enseñó a comportarnos así?
Y con este ejemplo de Maximiliano y Carlota, que expone Francisco Martín Moreno en Arrebatos Carnales, sólo por mencionar un ejemplo, (el que me inspiró para reflexionar en este tema y preguntarme de nuevo ¿por qué fingimos tanto?).
Lo que yo propongo es que nos preguntemos poco a poco y constantemente qué es lo que creo, en mi vida, y qué quiero creer, y qué voy a hacer para cambiarlo. Cuestionarme profundamente este sistema de creencias en el que se dice que, entre otras cosas, las mujeres tenemos desventajas con relación a los hombres, o que los ricos tienen más posibilidades que los pobres, o que los blancos más que otras razas, y etc.. podemos seguir y seguir. Y al final del día todos inevitablemente estamos buscando amor, atención y reconocimiento, así que si ando por la vida buscando esto con disfraz de malvada, o de frívola, o de poderosa, sólo voy a lograr alejar más a la gente en vez de acercarla, que al final es la necesidad primordial. No para depender, sino para compartir.
Qué tal si comienzo explorando con decir lo que siento, así tal cual, a mi compañera de trabajo: que me gusta cuando llega riendo y hace ruido… me desconecta de mis pensamientos que a veces son depresivos, o a mi hijo, que en verdad es un placer vivir con él, pero que a veces es tanto el miedo de saber si hago bien o no mi trabajo de madre que me encierro en mi miedo y no dejo que se acerque. O a mi pareja, que lo amo, pero que hace tiempo que lo siento distante y no me he atrevido a preguntarle qué es lo que le pasa, y que es por el miedo a que su respuesta sea que no quiere estar más conmigo lo que me hace portarme seria y retraída. En fin… cuántas cosas puedo empezar a ver que hay de tras de lo que debo actuar, para empezar a ser quien soy, y entonces sí… Vivir en paz conmigo, y por lo tanto ¡¡feliz!!
Me parece que abordas temas muy polémicos y que tienen que ver con las diferentes generaciones, lo social y la educación que recibimos desde la familia. Todo eso nos marca. De lo que estoy segura es que hemos superado muchas cosas y que muchas mujeres han abierto brechas importantes para que pasen las que “siguen”. Considero que lo más importante es la congruencia entre lo que creo, hago, digo, pienso y siento.
Te felicito por este aniversario. Espero que haya muchos años más que nos permitan seguir estando vigentes en el ciber espacio, compartiendo lo que pensamos sobre algunos temas. También, aprovecho para agradecerte nuevamente que me hayas invitado a formar parte de tu equipo de Siriusfem, que lo he disfrutado mucho.
Abrazos.
Muchas gracias Irma!!!! Es cierto que las cosas han cambiado y todavía hay mucho por hacer, la conciencia es una herramienta para descubrir la verdadera misión del corazón y contactarla a toda costa! Para disfrutar con más plenitud de la vida… sin tanta representación y actualidad.
Es un gusto tener tu participación en este espacio! Lo disfruto mucho y evidentemente muchas personas más lo hacen!! Gracias! Y deseo que sigas con nostros muucho tiempo!
Besos