Yo soy libre. Nada puede contener la marcha de mis pensamientos y ellos son la ley que rige mi destino. R
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Doña Sofía era originaria de la ciudad de Morelia. De acuerdo con algunas fotografías, fue una mujer guapa, de tez blanca, de facciones finas, de figura un tanto robusta, sin ser gruesa u obesa. Constantemente prevalecía en su rostro una expresión de fortaleza aunque a ratos también dejaba asomar su dulzura.
Don Pepe, hombre formal que portaba con gallardía su impecable uniforme militar. Acostumbrado a tratar con la tropa y a montar a caballo, a tener un comportamiento recio y a dar órdenes para ser necesariamente cumplidas. Sus facciones eran suaves y su piel blanca, los ojos castaños y la nariz ligeramente aguileña.
La vida hizo que Doña Sofía y Don Pepe coincidieran en algún momento, lo que los llevó al matrimonio. Formaron una numerosa familia, tuvieron 20 hijos, que la mayoría fallecieron por las condiciones sanitarias de la época. Cuentan que los primeros años de su existencia en común, la pasaron haciendo un recorrido por varias ciudades de la República Mexicana, ya que los asuntos militares de los tiempos de la revolución, implicaban esos cambios pues, como decía Don Pepe, “iban a hacer campaña”. Tuvieron una condición económica privilegiada, sobre todo posterior al movimiento revolucionario. Se establecieron en una casa enorme en Coyoacán que tenía muchas habitaciones y contaban con un significativo número de personas encargadas del cuidado de los niños, de las labores domésticas y de los animales que criaban para autoconsumo. Sin embargo, Doña Sofía siempre fue ama y señora de su casa. Ella decidía lo que se hacía o dejaba de hacerse, las comidas con las que agasajaba a su familia, eran elaboradas con su propia mano, al sazón que sólo ella podía darles. Hacía tremendas ollas de guisos variados diariamente. El disfrute de degustarlos era pleno además de ser celebrado por todos los comensales.
Era un matrimonio ejemplar, sólido y que duró muchos años. Fueron columnas indestructibles para su familia: sus hijos y sus nietos. La relación que sostenían con los primeros era muy rígida, fueron educados con principios bien fundados, les fomentaron el respeto hacia los padres quienes tenían la última palabra en todo. Los hijos eran incapaces de provocarles algún disgusto, por mínimo que fuera, demostraban ser personas rectas y que llevaban los valores adquiridos en cualquier ámbito en que se presentaban, su comportamiento era muy correcto.
En ocasiones cuando llegaba Don Pepe a su casa, después de un arduo día de trabajo en el regimiento, se sentía relajado y hablaba con Doña Sofía quien, generalmente hacía caso omiso a sus comentarios. Don Pepe muy contrariado les decía a sus hijos: “Mi tropa obedece al pié de la letra mis órdenes y llego a mi casa y con su madre no puedo…” Sucedía que estaba en los dominios de su esposa. En esa dinámica rutinaria de la familia, cuando surgían situaciones desagradables en las que intervenían sus hijos, se esperaba que Don Pepe pusiera el orden, pero con su actitud tan complaciente por el amor que sentía por ellos, sólo se limitaba a decir: “Qué barbaridad, Chepa, estos niños…” Utilizando ese mote para dirigirse a su mujer en forma cariñosa.
Con el correr del tiempo, Doña Sofía y Don Pepe ya ancianos, seguían juntos. Ahora estaban cercanos a sus nietos. La relación con éstos era extremadamente dulce y consentidora. Don Pepe, sobre todo, se esmeraba por complacer a sus nietos, les compraba cuadernos para iluminar y lápices de colores, los paseaba y les hacía “caballito”, recitando frases como “caballito al paso… caballito al trote… caballito al galope”, y conforme las mencionaba, movía sus piernas más rápidamente pues sus nietos estaban montados sobre ellas. Les contaba cuentos y a la mitad de la narración, él era el que se quedaba dormido, los niños ansiosos por escuchar la historia, interrumpían su sueño demandando que continuara con el relato. Era un campeón para el ajedrez. Su frase favorita cuando estaba en esos transes profundos para su estratégica jugada era: “Muy bien que cantabais os dije… más no que cantabais bien…”
Doña Sofía con sus nietos era un poco desapegada, sin embargo cuando estaba con ellos jugaba y bromeaba. Normalmente en su casa se le podía encontrar sentada en un lugar especial en la cocina, dando órdenes a una de sus hijas para la elaboración de las comidas, con una cuchara de palo en la mano, que era como la batuta que utilizan los directores de las orquestas. Mucho cuidado debía tener su hija pues al más mínimo error que cometiera, Doña Sofía le aplicaba un fuerte correctivo físico utilizando la cuchara de palo.
Para entonces Doña Sofía ya tenía la cabeza totalmente blanca, acomodaba su cabello en un pequeño chongo a la altura de la nuca y arriba de las orejas atoraba un par de peinetas que contrastaban con su cabellera. Usaba un brazalete hermoso, de oro con piedras preciosas, era una joya antigua, por lo que su valor era incalculable, de sus lóbulos pendían unos aretes elaborados por una monedas de oro originales de Inglaterra. En cambio, Don Pepe, ya no tenía pelo, usaba un sombrero para cubrirse del sol y en temporada invernal se ponía una boina de tipo español para protegerse del frío. Requería de su bastón para poder caminar, se vestía de traje, siempre con corbata, bien presentado. Seguramente si hubiera tenido la oportunidad, hubiera seguido poniéndose su uniforme militar.
En una ocasión, Doña Sofía sufrió un accidente del cual resultó con una fractura en la clavícula derecha, el tratamiento al que se sometió fue la inmovilización de esa parte de su cuerpo a través de ser enyesado en una porción que casi le llegaba a la cintura, le implicaba una postura muy incómoda. A raíz de esa caída y de la prescripción médica, Doña Sofía empezó a padecer un sinnúmero de complicaciones que hicieron que su salud se viera quebrantada. Parecía la llama de una vela que empezaba a apagarse poco a poco, al grado de que se extinguió por completo, en un día de invierno, lo que hizo que se sintiera más fría su ausencia.
Don Pepe sobrevivió a ese terrible evento. Los siguientes días, él empezó a perderle sentido a la vida, sin su Chepa, como solía llamarla cuando estaban en familia. Pasaron los días sin que tuviera ganas ni siquiera de llevarse un bocado de comida. Rodeado de sus hijos que, preocupados por él, insistían en que comiera y que hiciera sus actividades rutinarias. Después de 30 días exactos al deceso de Doña Sofía, se fue. Parece como si ella lo hubiera apurado a hacerle compañía, como si tuviera que ir formalmente a hacer los honores a la bandera, como buen militar que era, ya que su último suspiro fue un 24 de Febrero.
Todas las enseñanzas que les dieron a sus hijos fueron transmitidas a sus nietos, los valores y el comportamiento eran los principales pilares. Su familia trascendió. Su nombre prevaleció y se extendió. Eran personas intachables, muy adoradas y sobre todo respetadas. Doña Sofía y Don Pepe fueron mis abuelos.
Hermoso texto!!! Un gusto conocer esta bellísima historia!!! Gracias!!
Me encantó la historia, me hizo transportarme tiempo atrás y mas
cuando me doy cuenta que los personajes eran los abuelos de la
autora, recordar es vivir y yo también recordé a mis abuelos tan bellos
como los de ésta agradable y hermosa historia.
Gracias sigan escribiendo cosas bellas.
Miren
Felicidades Irma, ¿Aquellos tiempos? ¡¡Veinte hijos!! ¿Cuántos nietos? Bonita historia.
Muy bonito, y muy emocionante… el final me sorprendió.
Soy nieta de esos abuelos…
Mil gracias por esa historia que me tocò vivirla “un cachito”.
Por un momento, volvì a ser niña.
Felicidades nuevamente Lic. Barquet, esta clase de familias desafortunadamente han ido desapareciendo con la ” modernidad” y con los Derechos Humanos, nadie de esa epoca ha necesitado de ir a un sicologo porque mi madre o abuela me dio tremendo palazo como correctivo como dice su narración.
Soy su fan por favor continue escribiendo.
Saludos.
Que linda la historia de tus abuelos. uy bien escrita ysegún veo querías mucho al abuelo.
Nena, que hermosos que incluyas estas historias en tu gran acervo de cuentos y nos dejes disfrutarlas, yo conocía parte deella, lo sabe; pero sin embargo ahora me pareció más linda.Tu mamá debe estar orgullosa de ello y Don Pepe y Doña Chepa seguro están soriendo al verte.
Irma que hermosa historia la de tus abuelos un ejemplo de lo que deberia ser el amor y quien sabe si en la otra vida se siguen amando, sigue escribiendo asi
Irmita:
Te felicito, ahora esto me parece que tienes una nueva faceta de cuenta cuentos.
Saludos.
Rubén
Que historia tan hermosa, hermana, me hiciste llorar y recordar que tambien soy o fui parte de esos recuerdos tuyos. Te falto contar que mi abuelito nos despertaba cantando: vamos arriba patitos, vamos arriba los patos !, y nos quitaba las cobijas para que nos levantaramos para ir a la escuela, te acuerdas? Y mi abuelita me regalo un anillo que le dio el tio Carlos, el cual me robaron cuansof entraron a la casa, fue ademas del reloj de mi papa, dos cosas qeu me dolieron mucho. Y cuando el abuelito salia a pasear con su perro King, muy derechito mi abuelito, con su baston se iba al parque hasta la hora de comer. Y mi abuelita, no se si lo sabes: me sentaba en sus piernas y me decia Señora, y le encendia su cigarrito Faritos. Hay muchas anecdotas que tengo que contarte. Te abrazo y felicito por esta historia de amor.
Una historia muy bonita, me llevo a mi infancia, con recuerdos de seres queridos, la educación de esos tiempos se fundamentaba en algo que ya se ha perdido y es el respeto por los padres, por los ancianos, por las mujeres, por los niños, por las tradiciones, pero lo principal respeto por la familia, en ella, en la familia se inculcaban valores que se han perdido y lo peor, le hechamos la culpa a todos, sin asumir parte de esa responsabilidad.
Felicidades
Que historia tan bonita, cada quien asumía su rol con cariño, creo que seguir con las tradiciones y los valores que nuestros antepasados nos dejaron es el cemento que hace que siga la estructura familiar .
Todos los Barquet Rodriguez deben sentirse orgullosos de sus raices y que bien haces en recordar a aquellos que no están más entre nosotros. Que bonita forma de reunir a la familia.
Hola Irma
Felicidades por tu artículo (con razón tu voz tiene un tono como medio militar)
Saludos
querida amiga. como siempre me haces reflexionar con tu articulo, es cierto el ser madre implica muchas cosas,tiempo,salud,etc.etc. pero si creo que Dios escoge a las mujeres para darles estos
dones yo tengo 3 , y aunque al principio crei que era una tarea dura y ardua ahora despues de que mi mama falleciera asi casi 3 meses, mi panorama ahora es diferente.Creo que fue un gran acto de amor todo lo que me dio y enseño por lo que ahora tengo mas sabiduria para entenderla mas y tratar de ser y hacer como ella. tambien es cierto que si no hubiera mujeres como tu que no tiene hijos pero que comparte con nosotros sus conocimientos de un punto de vista de afuera y nos explicas como hay que vivir con 3 adolecentes yo menopausica y mi marido andropausico y ademas todos estudiando ya no tendrias a tu amiga aqui si no en manicomio,por lo cual tu verasw que cada quien tiene su mision en la vida tqm, olivia.
La historia de tus ABUELOS me encanto y pensar que historias similares se tejieron en la mia , a lo que da cabida a estas chuladas de nietas o que no?. Es cierto pues de ahi salio las bases para formar y tracender a lo que somos hoy como familia.De lo cual hay que estar muy orgullosos y que bueno que`podamos conocer mas de ellas por medios tan modernos que ellos jamas se imaginaron como hemos cambiado y adonde hemos llegado,y como han tracendido que al fin y al cabo de eso se trata la vida.