Por: Adriana Anaya (7)
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Mango

MangoVicente era un hombre joven, saludable y fuerte debido a su trabajo, pues se dedicaba a la forja de hierro. La herrería dónde trabajaba quedaba un poco retirada de donde él vivía, así que todas las mañanas salía muy temprano para llegar a tiempo, esto le molestaba un poco ya que siempre llegaba tarde del trabajo y no podía descansar lo suficiente, por lo cual el domingo; que era su día de descanso, lo pasaba durmiendo casi todo el día, podíamos decir aquí, que su vida social era casi nula, un rápido saludo a Doña Juana, la portera de la vecindad donde él vivía, y charlas amistosas con sus compañeros de trabajo, los cuales, por decirlo de paso, seguían la misma rutina que él.

Todas las mañanas, al salir de la vecindad,  encontraba a Magnolia, una mujer cuarentona, rellenita; pero de buen cuerpo, “una escultural diva de los años 50’s” como ella prefería decir, “Mango”, como la llamaban de cariño sus conocidos y clientes, se dedicaba a vender su cuerpo, como muchas otras muchachas en esta ciudad. Vicente la saludaba y pensaba en que algún día estaría lo suficientemente descansado como para poder tener una noche de placer con ella; al regresar de trabajar igualmente la encontraba y, ocasionalmente, platicaba con ella de algo banal; pero que le permitía observar su voluptuoso cuerpo y su boca, esa boca con la que tantas veces había soñado. En este punto podríamos decir que Vicente estaba obsesionado con Mango; pero que el cansancio podía más que el deseo.

Un domingo, a eso de las 3 de la tarde, Vicente se levantó, tomó un café y se resolvió a salir y platicar con Mango y de ser posible invitarla a comer.

Al salir de la vecindad, la encontró ahí, donde siempre,  saludó y le preguntó por el clima, por cómo iba el trabajo y si había comido, cuando ella le dijo que no había comido porque la clientela estaba muy floja y no había sacado nada, ni para comer una torta, Vicente aprovechó y le invitó a comer, algo sencillo, le dijo, puesto que él tampoco ganaba mucho y la mayoría del dinero se le iba en pagar la renta y el transporte a su trabajo. Ella aceptó encantada, cualquier cosa para comer y gratis era bienvenida.

Llegaron a la fonda y ahí pidieron el menú del día que consistía en un consomé, arroz, carne de puerco en adobo, y arroz con leche, una comilona para los dos, que estaban acostumbrados a comer tacos, tortas y toda clase de gorditas que estuvieran de paso.

La comida transcurrió tranquilamente y fueron platicando cosas más personales, ella, por ejemplo le contó que era de provincia, de Campeche, para ser exactos y queriendo escapar de la miseria en que vivían se vino a la capital y conoció a La China que luego luego la adoptó y le enseñó el oficio, mismo que había practicado ya por 10 años seguidos y se enorgullecía de hasta ahora no haber sido golpeada por ninguno de sus clientes.

Vicente, en cambio, le platicó que su padre era herrero y él fue el que le enseñó a trabajar desde que era un niño y que estaba ahorrando porque quería tener su propia herrería, su familia vivía en Tlaxcala, muy cerca de Ciudad de México; pero casi no los veía debido al trabajo. Ella le confesó que lo seguía con la mirada cada vez que pasaba y que esperaba a que llegara la noche para verlo pasar, y además de que sabía perfectamente dónde vivía. Él, con el ego muy alborotado, le confesó que ella también le atraía. Que le gustaba verla ahí adornando la esquina con su cuerpo y con su hermosa sonrisa.

Entre confidencias y risas se les fue la tarde y cuando comenzó a oscurecer, Mango de un salto le dijo que se iba porque ya había perdido casi toda la tarde en platicar con él y que era necesario que por lo menos hoy consiguiera 1 ó 2 clientes para sacar el día.

Vicente la tomó de la mano y la besó, por fin había podido hacerlo, ese beso que tanto soñó finalmente se hacía realidad, y lo mejor fue que ella le correspondió. De camino a sus respectivos destinos se detuvieron en un puesto ambulante y Vicente le regaló unos aretes en forma de corazón que ella inmediatamente se puso, pues los últimos que había tenido se le habían perdido. Se despidieron y él, caballerosamente, la acompañó a la esquina dónde ella solía trabajar y se dirigió a  casa.

Pasaron varios días sin que él pasara por aquella esquina, Doña Juana, la portera, por fin se decidió a abrir la puerta de la casa de Vicente y lo encontró bañado en sudor y delirando, en su delirio no hacia nada más que llamar a Mango, “ Mi amor, te amo” eso era todo lo que decía.
Corriendo salió a llamar al doctor, un estudiante de medicina que vivía en la vecindad,
-    “Doctorcito, cúrelo, es un buen muchacho, por favor sálvelo” – decía Doña Juana
-    Sí, doñita, nada más déjeme auscultarlo para saber qué tiene- respondió el galeno en ciernes.
Transcurrieron unos pocos minutos, que a Doña Juana le parecieron eternos, cuando el médico acertó a decir,
-    Lo que tiene es una fuerte intoxicación, parece que debió de comer algo en mal estado, debemos comenzar a hidratarlo y a bajarle la fiebre, lo peor lo pasó solo, ahora solamente hay que atenderlo para que se restablezca, así que, Doñita va a tener que cuidarlo.
-    No importa, lo vigilaremos entre todas las señoras de la vecindad pues en verdad lo apreciamos mucho y su mamacita nos lo encargó mucho aquella vez que vino a conocer la casa de su hijo.

Mientras lo cuidaba, Doña Juana escuchaba todo  lo que Vicente decía en su delirio y a decir verdad, lo encontraba muy interesante, no es que fuera metiche o chismosa, solamente era que se entretenía mucho y hasta se ponía a soñar con todo lo que él decía.

-Mi amor, cuanto te esperaba, gracias por llegar a mi vida- deliraba Vicente ante el beneplácito de Doña Juana
- Tú eres justo lo que yo esperaba, nunca pensé que podías ser mía; pero ahora estás aquí-
-Sí, gracias mi cielo, ahora que eres mía, mi vida será diferente, pues tú le haz puesto sentido- ahora ya del gusto había pasado a la intriga, ¿de quién hablaría?, porque  ella no le había conocido a nadie.

Pasaron los días y Vicente, por fin, se recuperó, al ver a Doña Juana en su casa, se asombró, después le preguntó qué era lo que había pasado, ella le contó que se había puesto muy malo y que estaba delirando cuando lo encontraron; pero que gracias a Chavita, el estudiante de medicina, ya estaba bien.

-    ¿Y Magnolia?- alcanzó a preguntar con voz débil.
-    ¿ESA?, esa no entra a esta casa decente, además no se ni por qué preguntas por ella, – luego pensó para sí-¿sería acaso ella la del delirio?- Perdona mi’jito, ¿te refieres a Mango?- preguntó un poco más suavemente.
-    Sí, a ella, ¿no estuvo aquí conmigo?-preguntó un poco más esperanzado.
-    No, desde el lunes pasado no la hemos visto, quien sabe a lo mejor ya hasta le pusieron casa. Pero déjame hablarle a Chavita para avisarle que estas mejor y que te revise- dijo al tiempo que salía corriendo y gritando el nombre del estudiante.

Vicente se quedó muy pensativo, casi podía asegurar que Mango estuvo ahí con él; pero recordaba vagamente que se despidieron y la había besado, si, tal vez su confusión se debía a ese beso que le había robado.

Chavita entró a la vivienda y al revisarlo lo encontró en buen estado de salud y lo dio de alta, no sin recomendarle que se cuidara, sobre todo lo que comía y que procurara no comer carne de cerdo, ni mariscos porque en esta época tendían a descomponerse y eso era lo que posiblemente le había causado la intoxicación, y que gracias a que él era muy fuerte había podido resistir, “otra persona en tu lugar, pudo haber muerto debido a la infección y la deshidratación”- acabó diciendo Chavita.

Vicente les agradeció a Chavita y sobre todo a Doña Juana el haberse ocupado de él y cuidarlo durante su enfermedad. Cuando ellos salieron de la vivienda, se levantó y se arregló para poder salir, primero a comprar algo de comida y luego, para buscar a Mango.

Al salir de la vecindad se dirigió hacia la esquina dónde Mango trabajaba, no la encontró, posiblemente estaba trabajando, pensó. Ahora, lo que debía hacer era ir a la herrería porque había faltado casi una semana y no había avisado.

Al llegar, lo recibieron todos sus compañeros diciéndole que lo extrañaban, que qué bueno que ya estaba bien, por que les hacía mucha falta su ayuda, al pasar a ver a su jefe, este le comentó que como no había ido a trabajar en varios días y como él siempre había sido muy cumplido, pues se preocupó mucho y mandó a uno de los muchachos a su casa a averiguar lo que sucedía, y así fue como se enteraron de lo que pasaba, le dijo también que él tenía seguro social y que sería bueno que pasara a darse una revisadita, por si las dudas, y que para la próxima fuera directamente al Seguro para que le atendieran y le dieran su incapacidad ya que como no había hecho esto, le sería imposible pagarle la semana que faltó, sin embargo, los muchachos habían hecho una “coperacha” y le entregó unos pesos. Vicente les agradeció el gesto y lo aceptó con mucho gusto.

De regreso a su casa buscó a Mango y no la encontró, preguntó por ella y los que la conocían no la habían visto en un tiempo.

-    Tal vez se “ligo” a un ricachón y se la llevó a las “Uropas”- dijo una de sus compañeras
-    No, yo creo que se cambió de esquina, y de barrio, porque aquí ya está muy competido y como ella ya no está tan jovencita, ni flaquita, pues…- respondió otra con algo de envidia.
-    Mejor es que se espere y le pregunte a la China, que no debe de tardar en llegar por acá. Mango vive con ella- dijo una tercera.

Vicente les agradeció y decidió esperar a la China, que efectivamente no tardó en llegar al lugar, era una mujer bastante mayor, se veía que en sus buenos tiempos fue guapa, porque aun conservaba su cuerpo en buena forma; pero el rostro se le veía algo maltratado por el tiempo y las desveladas.

-    China, soy Vicente González y quisiera saber si me puede informar algo de Mango, de Magnolia-preguntó tímidamente
-    ¿Vicente? ¿Tú eres Vicente?- casi chilló la China
-    Sí, soy Vicente, ¿le ha hablado de mí?- dijo él con un tono esperanzado
-    Bueno- repuso la China- hablado de ti, nada, Mango se puso muy mala y sólo decía tu nombre.
-    Pe…pero ya está mejor… ¿no?- inquirió Vicente
-    Sí, ella ya está mucho mejor, mejor de lo que cualquiera de nosotros puede estar.- respondió.
-    ¿Qué me quiere decir?- preguntó Vicente con temor.
-    Nada, muchacho, que la pobreza no resiste ese tipo de males, Mango murió el Lunes por la tarde de una intoxicación por haber comido carne en mal estado, la pobrecita estaba tan desnutrida que no pudo luchar contra la enfermedad; pero entre sus delirios solo atinaba a llamarte, yo, como no te conocía pues no supe quién era el tal Vicente, solo puedo decirte que ella murió llamándote- dijo la China con nostalgia.-No sé que hayas hecho por ella; pero  te aseguro que debió de ser algo muy bueno porque estaba muy resentida con los hombres, por eso me asombró el hecho de qué mencionara tu nombre con tanta insistencia.
-    Gracias, lo siento mucho- alcanzó a decir mientras se dirigió a su casa llorando.

Al llegar a su casa se recostó y lloró, cómo era posible que hubiera muerto, ¿y esos momentos que pasaron juntos?, las caricias, los besos, los te Amo, todo fue producto de su delirio, maldito sea el momento en que se le ocurrió invitarla a comer, esa comida había sido la responsable de la muerte de Mango y del delirio de él. Bendito delirio, que le permitió que ella fuera suya.

Se levantó resuelto a seguir su vida como siempre y decidió limpiar su casa que, dicho sea de paso, estaba toda tirada, barrió, trapeó el piso, sacudió, esta era una forma de no pensar más. Al quitar las sábanas de la cama algo sonó en el piso, no hizo caso y siguió su labor, tendió la cama y se recostó en ella, quiso dormir; pero no pudo así que se levantó y al hacerlo pisó algo, se agachó para recogerlo y al verlo no pudo más que romper en llanto, un llanto entremezclado de felicidad y tristeza, era un arete en forma de corazón.

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11 han comentado

  • Antonio Galván dice que:

    Está muy bien construido y narrado.

    Gracias.

  • Jorge Saavedra dice que:

    Me gusó mucho, creo que deberían publicar mas de Adriana Anya.

  • Laura Saldaña dice que:

    Me encanto, he leido tus cuentos y me encantan creo q son temas interesantes y actuales

  • Martha dice que:

    me gustó mucho y el final s inesperdo, trata el amory la miseria.Los personajes están bien definidos, y la redacción escomo si te loplaticaran, me gustó!!!!!

  • Elena dice que:

    Muy bien construido, te va llevando de la mano, hay amor, romance, suspenso y unfinal trágico y feliz. Bien, felicidades

  • Sergio E. Soto dice que:

    Hola Adriana ( Flaquita de Rococo, que bonito Cuento, Fabula o Vivencia, te felicito y continua escribiendo este tipo de Novelas.

    Saludos

    Sergio

  • zayra dice que:

    voten mas por el cuento de mango escrito por Adriana Anaya esta muy pero muy bueno se los recomiendo!!!!!!!!!!!!!!

  • Irma Barquet dice que:

    Como siempre, he disfrutado lo que escribes y nos compartes. El final me parece algo muy especial. Me gustó mucho. Amiga, te felicito y espero que continúes haciendo estas aportaciones tan valiosas.

  • Pablo dice que:

    Siempre me gustan las historias que escribe Adriana!!!

  • Adriana Anaya dice que:

    Este es mi consentido, gracias a todos por leerlo!!!

  • MARCO MARTIN DEL CAMPO dice que:

    UNA MUY BIEN LOGRADA HISTORIA, MUCHAS GRACIAS POR COMPARTIRLA. FELICIDADES !!!!

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