Por: Cristina Mendoza Alcázar (6)
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La carta Terminación

La cartaEn el Facebook existía una aplicación de nombre Osho Tarot. Sacabas una, dos o cinco cartas, dependiendo de lo que te preocupaba.

Sólo la ocupé dos veces; la primera fue en general y la segunda, de pareja.

Este es un tema recurrente en mi vida, pues he estado trabajando ya por un tiempo al respecto. Así que ver cinco cartas que hablaban de “mi pareja actual” me confundió un poco, pues no había tal en ese momento.

Cuando leí la última carta, que era un rompecabezas cuyo título era Terminación, entendí mucho.

“Al finalizar, o bien podemos sentirnos desesperados porque no queremos que la situación se termine, o podemos estar agradecidos y aceptar el hecho de que la vida está llena de finales y nuevos comienzos.

“Cualquier cosa que ha estado absorbiendo tu tiempo y energía está llegando ahora a un final. Al completarlo estarás despejando el espacio para que comience algo nuevo. Usa este intervalo para celebrar las dos cosas: el final de lo viejo y la llegada de lo nuevo.”

Ya venía tiempo escuchando lo de la Ley del vacío: sacar lo viejo para que quepa lo nuevo. Y sí, sabía que tenía razón, pero una cosa es saberlo y otra es hacerlo.

¿Por qué digo que leer lo que viene arriba me hizo sentido? Pues porque ¿quién no tiene una historia de amor en donde se da mucho de una parte y de la otra no obtenemos lo que buscamos?

¿Quién no ha sentido un flechazo, se ha ilusionado, ha contado las horas y los días para que esa persona le llame y se ha vislumbrado en distintos escenarios en compañía del objeto de la fantasía?

Asimismo hemos sentido desilusiones y nos han roto el corazón.

Eso nos sucede a todos y ahí es cuando decidimos qué hacer: si seguir ahí aferrados, esperando, o nos movemos, despedimos a las personas de nuestras vidas y dejamos un espacio disponible para que alguien que sí quiera estar aquí, lo llene.

Podemos intentarlo todo: la técnica de la buenita, la de la cabrona, la de la sufrida, de la lagartona, la de “pobre de mí”, etcétera, pero es posible que ni así obtengamos lo que queramos: una relación comprometida, una pareja…

Muchas veces culpamos al otro porque no “nos quiso” o a la vida “porque no somos lo suficientemente buenos para que él/ella nos quiera”, o… culpamos a lo que sea. Es fácil culparlo a él (o ella), “porque no supo darnos” algo que buscábamos. Pero en pocas ocasiones reconocemos que nosotros mismos traemos a esa persona así, tal cual, imperfecta como es, para que nos enseñe nuestras propias limitaciones, nuestros propios miedos. Quizás ni estemos listos para dar tampoco… o para recibir.

El enamorarse o aferrarse a alguien que no nos corresponde en realidad es un lugar muy cómodo y seguro, pues no arriesgamos nada y siempre habrá alguien a quién culpar… ¿pero eso queremos?

¿Por qué elegimos al que no se compromete, al que es infiel, el que es tibio…? Simplemente porque en ese momento no podemos con más. Pero cuando ves esto y decides trabajar en ello, es cuando vas quitándole capas al asunto, te metes y te das cuenta de que tienes dos opciones: o seguir ahí, aferrada o aferrado, o aceptar que esa persona vino, enseñó y es tiempo de dejarla ir.

¿Qué caso tiene seguir con la fantasía de alguien que no está en nuestro mismo canal o no nos da lo que buscamos? ¿Cuál es la necesidad encubierta que está llenando? ¿Cuál es el miedo que no nos permite relacionarnos con gente sana?

Después de hacer conciencia de cada punto, siendo muy honestos con nosotros mismos, tomaremos la decisión de utilizar esa carta del Tarot… de decir adiós a lo viejo (a todas las relaciones que quizás vengamos cargando, ya sea de un pasado reciente o lejano) y dejar espacio para que llegue alguien más.

El dejar ir nos da un sentimiento mágico de empoderamiento: volvemos a darnos nuestro lugar de capitanes de nuestras vidas, no dependemos de nadie para planear el día, aunque sea emocionalmente.

Será entonces que tal vez podamos decir: “Ya no me conformo con esto. Quiero más. Voy por todo.” Y lo hagamos.

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