No hay espectáculo en la Tierra más apetecible que el de una hermosa mujer preparando la cena para alguien a quien quiere.
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Hablar de Facebook, es hablar de toda una cultura, una manera de vivir, de expresarse y sobre todo de relacionarse. Ya hasta verbo tiene: facebookear (feisbuquear, como se pronuncia en inglés)… yo facebookeo, tu facebookeas… cuando estaba facebookeando… esto del facebookeo… En fin, se ha vuelto algo tan cotidiano y constante que podría asegurar que mucha gente no se va a dormir sin haber “facebookeado” un poco para enterarse de qué está pasando en su facebook. Creo que hay muchísimo que decir y debatir en torno a este tema y me gustaría empezar por lo básico.
Este espacio en internet creado por un grupo de universitarios hace no más de 20 años, engloba todo un fenómeno social y cultural que será estudiado y analizado por muchos durante un buen rato. Es interesante ver cómo evolucionan las herramientas y se van adaptando a las necesidades y situaciones del mundo en el que son liberadas.
Así como la tecnología militar aplicó los descubrimientos de Einstein para crear la bomba atómica; hay gente que hoy utiliza esta herramienta de rápido acceso y publicación para vigilar, acosar o difamar. De igual manera ha servido como ruta de encuentros maravillosos de gente que creía que jamás se volvería a topar. Permite que uno se entere de la vida cotidiana de la gente que ama, de compartir palabras que dicen mucho o viles pensamientos que no dicen nada; información que sirve, invitaciones a reuniones que resultan muy prácticas; o simplemente chismear… En fin, es todo un mundo de posibilidades contenido en una pantalla que puedes modificar tecleando letras y dando clicks…
¿Quién iba a pensar que tanto podría ser hecho con tan poco esfuerzo (físico, y en muchos casos también mental)?
Hace 50 años (1960) la gente escribía cartas y las mandaba por correo. ¡Tardaban hasta meses en llegar! Hoy puedo comunicarme con mi prima que vive en Barcelona en el mismo instante que redacto en mi Blackberry desde un parque en medio de la ciudad… ¡Es una gran diferencia! Y ahora lo vemos tan cotidiano y como dado por sentado. Hay muchas cosas que tienen que estar funcionando en sincronía para que esto sea posible. Servidores prendidos día y noche, satélites dándole vueltas al planeta, personas encargándose del mantenimiento de tantos aparatos e instalaciones que mantienen este mundo tan “normal” como lo vemos.
No creo que deberíamos azotarnos por tantas preocupaciones y saber exactamente qué está pasando en cada lugar a cada instante. Simplemente considero muy importante mantener el piso, y recordar lo básico, la esencia… Y me parece sano estar consciente de la complejidad del sistema, para ser parte de él y no ser simplemente llevado por su corriente.
Continuará…