Por: Dulce Solís (2)
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Ayer platiqué con papá

Ayer platique con papaCuando eres niña tu papi es como un súper héroe, el que todo lo sabe y lo puede. Al pasar de los años la percepción cambia por razones varias pero en algún lugar se guarda ese anhelo nostálgico de verlo como un todopoderoso; el momento difícil es cuando lo ves postrado en una cama de hospital con mangueras y aparatos conectados a su cuerpo y es como si trataras de imaginar que esos son los artefactos que le dan los superpoderes y de alguna manera es así ya que sin ellos no podría seguir con vida.

Una de esas noches en el hospital me dijeron “hoy te toca cuidarlo”, sin embargo no lo tomé como obligación, sino como una oportunidad para poder conversar con mi padre después de todos esos años de distancia que nos habían separado, por distintas razones yo ya no era su “llavero”, como decía la gente cuando era niña.

Al principio me recibió con una sonrisa, una cara de sorpresa porque no esperaba que yo estuviera ahí después de que no hiciera una llamada telefónica durante un largo tiempo; pero en su mirada observé que había un dejo de confianza, un gesto de “yo sabía que vendrías”.

Desde el momento en el que llegué no paramos de reír, me decía que ya no lo hiciera carcajear  porque le dolía, pero al cabo de un rato sus males se olvidaron; recordamos nuestras primeras  vacaciones en la playa, cuando yo conocí el mar  y cómo descubrimos tantos mágicos lugares.

Recordó  que me llevó a un safari, a una gran ciudad, a muchos pueblos y que ahí probamos infinidad de comidas raras, dijo que a él le gustaba conocer a fondo a la gente y que nunca se sintió turista, siempre fue más un aventurero y yo era su fiel compañera, esa pareja inseparable que anhela ser como su ídolo cuando crezca.

Ya entrada la madrugada los dos dormimos, por la mañana muy temprano me despedí de él me, dijo su frase que desde que crecí me repite cada vez que nos despedimos y que no puedo ponerla en este escrito porque su calificativo es una palabra altisonante pero que me da ánimos y fuerza para creer que soy eso y más.

Le di un beso en la frente, me dio la bendición y me fui, aún no me llaman nuevamente para decirme que “me toca cuidarlo” pero ya ansío el momento de estar juntos nuevamente compartiendo tips de viaje y  aunque ahora sólo lo vea en su cuarto de  hospital, para mí siempre será ese súper héroe que todo resuelve.

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