Por: Adriana Anaya (7)
182 Votos
459 visitas

Auschwitsz

auscwitch AuschwitszLa boda fue hermosa, casi un cuento de hadas, como lo soñó Eloisa, ahora su vida cambiaría, ella sería la princesa y él su príncipe, no podía ser de otra manera puesto que el tiempo que duraron de novios, él siempre fue muy cariñoso y amable, la trataba como reina y ella lo adoraba.

Cuando llegó a vivir a la que sería su casa, el lugar le pareció bonito, era grande, para lo que ella había esperado, y él, su flamante esposo, era una buena persona, nunca se imaginó que, tras esa construcción y esa cara “bondadosa” se ocultaba el horror de un campo de concentración.

Los primeros días transcurrieron entre la sorpresa y los cambios por tratar de adaptarse a esa “nueva vida”, creía que el mal humor y los malos modos de su esposo se debían a la tensión y los gastos de la boda, pasado un tiempo las cosas comenzaron a ponerse peor, su otro príncipe era un ser sin corazón que la maltrataba a la menor provocación, bastaba que la sopa no tuviera la temperatura correcta para que esta fuera lanzada sobre la cara de Eloísa sin contemplaciones. Vivía encerrada con llave en la casa, prácticamente incomunicada, puesto que las pocas conversaciones telefónicas que tenía con su familia eran supervisadas por su esposo; su único contacto con el exterior era una sirvienta, mudo testigo de todo lo que sucedía en esa casa.

Al analizar su situación le horrorizó lo que descubrió, pidió ayuda a su hermana; pero ésta acudió sin querer hacer realmente nada por Eloisa, pues le dijo que así era el matrimonio y debía soportar a su esposo, finalmente ella lo había elegido, y no tenía más que hablar sobre el asunto. Fue entonces cuando ella comenzó a apoderarse de su esencia, le fue carcomiendo la voluntad, pues los monstruos como éste se alimentan de eso, y solamente hacen aflorar el miedo y la debilidad de las personas.

Ella…pero… ¿quién era ella?… ella era toda la pena que sentía por sí misma, toda la angustia, la suma de todos sus miedos; ese sudor frío que le carcomía la espalda y la frente cuando veía a su marido enfurecerse, ese hacerse sorda a los gritos e insultos, la desesperación ante su impotencia, la falta de carácter para cambiar las cosas, eso era ella, ese ataque de pánico que se presentaba súbitamente a poseerla.

Eloisa fue cambiando, hasta el punto de no reconocerse más, ¿en dónde habían quedado todas sus ilusiones, sus sueños?… ¿y su libertad?, porque como cualquier otra persona normal, ella también pensaba en una vida hermosa donde la armonía reinara y la comprensión fuera el pan diario. Simplemente no fue así, a cambio de sus ilusiones de recién casada tuvo que soportar vejaciones, humillaciones, golpes e insultos de su tirano marido y en su corazón se formó una coraza que le protegía de todo esto; pero como escudo que era, al no permitir que entrara nada; tampoco dejaba que algo saliera, y entonces Eloisa, dejó de ser Eloisa para convertirse en ella, en un ser muerto de miedo que sencillamente no sentía, sólo obedecía y procuraba no opinar, puesto que cada palabra que dijera bien podía volverse un arma en su contra. Y así fue pasando el tiempo, claro que en este tiempo la verdadera Eloisa, la que estaba guardada en esa fortaleza, ideaba la forma de escapar de ahí.

Por fin, con la ayuda de ese ángel que tomó la forma de la sirvienta de la casa en donde “vivía”, que le abrió los ojos y le recordó que la vida era muy bonita y si algo no debía soportar una persona digna, era ser humillada, mucho menos golpeada, finalmente escuchó lo que ya sabía; pero necesitaba oírlo de alguien más, la mujer le abrió los ojos y la puerta de esa cárcel, por fin logró salir de ese lugar, escaparse no fue tan fácil, tenía que recorrer toda la ciudad, pues sus padres vivían al otro extremo de ella.

Al salir y sentir la luz otra vez, le invadió una aprensión tan grande que ni ella se podía explicar, era tan extraño ver a las personas en la calle, ver la libertad y no poder asirse a ella, el pánico no se lo permitía, no comprendía cómo la gente podía caminar sola e ir y venir a su antojo, se armó de mucho valor y tomó un taxi; todo el tiempo fue rezando porque nada le pasara en el camino, hasta que llegó con sus padres, que la recibieron con mucho cariño.

Su comportamiento en la casa familiar era extraño, antes era la persona más alegre y dicharachera que existía, siempre riendo, siempre bromeando, ahora estaba muy callada y solitaria, y cada vez que sonaba el timbre del teléfono o la puerta, la penetraba un desasosiego tan grande, pensando que era su marido que  la buscaba, para los demás era prácticamente imposible entender el porqué de esa conducta, si ya era libre, él no estaba más y no llamaría, pues Eloisa no le importaba, lo que había querido de ella, lo poseía, se lo arrebató a golpes, con insultos tomó su autoestima y su voluntad, ya no la necesitaba más.

Todos pensaban que esta conducta acabaría pronto pues en realidad no había pasado mucho tiempo a su lado. ¿Tiempo? Para ellos fue muy poco, para Eloisa fue una eternidad, para ella, el suficiente. No importaba ahora era LIBRE.

¿Libre?… que significaba ser libre, si ella no se lo permitía, Eloisa simplemente no se sentía capaz de deshacerse de ella como tanto le aconsejaban,…

—”Sigue tu vida, lo malo ya pasó” —…
— “Ahora estás bien” —…
— “Nada te va a pasar” —…
—“¿Ya pasó?”— …

¿Estaban seguros de ello?; ¿estaba bien?; ¿le podían asegurar que nada le iba a pasar?… ¿y lo que ella había acumulado? ¿Podía alguien explicarle cómo deshacerse de ello? No, nadie podría hacerlo. Creyó que al escapar de aquella casa, aquellas personas y todo ese horror, iba a ser libre, ¡qué pena! Nunca se imaginó que jamás volvería ser independiente.

Entonces vino la etapa de la adaptación, puesto que al no poder deshacerse de ella, tendrían que aprender a convivir. Ella era tan fuerte que al menor grito o mal trato, salía, apoderándose de Eloisa nuevamente, este cambio era imperceptible para los demás, puesto que después de esa experiencia todos la habían calificado de “rara”, no atinaban a comprender por qué no quería hacer cosas tan simples como viajar o hacer cosas sola, salir de su casa,  no entendían la necesidad que tenía de estar acompañada por su familia o gente muy allegada a ella, ya que de esta forma ella no se manifestaba abiertamente y en cierta manera, podía manejarla. Pero al estar fuera de sus lugares familiares o con gente nueva, ella la dominaba por completo, Eloisa sentía que le faltaba el aire, que todo su cuerpo temblaba, un frío espantoso la recorría, lo único que escuchaba eran los latidos de su corazón, el dolor que le provocaba cada palpitación era inmenso y únicamente deseaba salir corriendo de ahí para evitar el mal que se le avecinaba, un mal que habitaba dentro de Eloisa y que solamente ella conocía.

Estuvo bajo terapia, tomó muchos cursos para deshacerse de ella; solo logró dominarla; pero no acabarla.

Ahora sobrevive en una constante lucha por ser más fuerte que ella, generalmente Eloísa gana; pero las veces en que no lo hace, recuerda tanto a los sobrevivientes del Holocausto, que viven con el horror a cuestas y no existe terapia, ni curso, ni nada que les haga olvidar lo vivido, no lleva un tatuaje con números en su antebrazo, lo lleva grabado con dolor en el alma.

Siempre existirá alguien que haga que ella le gane a Eloisa, la batalla no tiene fin, así vivirá por siempre, con el horror a cuestas y sus sentimientos guardados en una bóveda. De aquella muchacha alegre y risueña sólo queda el recuerdo, ahora es una mujer callada, sola y con un miedo terrible a la vida, esa es Eloísa,… o ¿es ELLA?…

Articulos Similares:

Guardado en: Emocional, Mi Interior Tags:

7 han comentado

  • karim dice que:

    Me encantan los articulos de Adriana Anaya.

  • Elena dice que:

    uy bien descrito elcalvario delmaltrato y cómo lovemos los ajenos, se ve que ya has pasado pr ello o que alguien cercano a tí lo hizo.Felicidades y gracias porcompartirlo

  • Jorge dice que:

    Flaquita, muy bien,síguele echando ganas

  • zayra dice que:

    miss: me da gusto que escriba tan bonito recuerde que la quiero mucho mucho

  • Adriana Anaya dice que:

    Esta es parte de mi vida….

  • Laura dice que:

    Que bueno que haya gente como adriana para enseñarnos que el fenomeno de Auschwitz se puede vivir en cada casa si no se sabe como controlar los demonios que cada pareja lleva dentro…ojo niñas¡¡¡

  • Pablo dice que:

    El maltrato es algo terrible. Adriana lo grafica muy bien en su relato. Es un mal social que debemos esforzarnos por desterrar. Felicitaciones a Adriana por atreverse a tratar un tema tan grave.

Responder